jueves, 19 de enero de 2012

Soy yo, la amarga muerte.


Rondaba por las calles sin sombra, los edificios se hacían cada vez más pesados. De repente  sentí los pasos de un extraño, volteé y no encontraba rastro alguno. Creía que mi mente me jugaba una mala partida, que solo eran los nervios de la nueva ciudad, que nada pasaría.

Las manecillas del reloj marcaban las 12 y aún no lograba llegar a casa, me vi corriendo para cruzar el puente, cuando de pronto al llegar a este había desaparecido, lo único que se veía era un horrendo canal que horas antes no existía.

Me frote los ojos y pellizque mi antebrazo pensando que quizás era un sueño que eso era imposible, no podía encontrarme en un lugar que a su antojo desaparecía.

De pronto hubo un lapso en blanco, no recuerdo más y hasta la fecha no se cómo llegar a casa.
 Veo pasar a la gente, pero ellos a mi no, trato de volver y no hay regreso. Empiezo a creer que en verdad estoy muerto.
L.I.G.C

2 comentarios: